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Nací en Madrid y casi casi “gata”. El primer recuerdo de dibujar es con un folio y ceras de colores en el sofá intentando retratar a mi hermano pequeño dormido; mi desarrollo creativo surgía al cerrar la puerta de la habitación: soñar era posible transformando mi espacio en una historia, un cuento, construir un lugar mágico que siempre se guardaba detrás de la cama para que nadie pudiera verlo. Era mi mundo, mi pequeño secreto.

Mi etapa de la educación formal en la infancia no difiere de la de muchos de los treintañeros de hoy. Los recuerdos buenos y malos de la educación van agarrados a hombros y vuelven para recordarme lo que fue, sentí y aprendí. No hay vez que mis reflexiones no cambien y vea algo nuevo de todo aquello si lo llevo a la realidad del “hoy”, el “ahora” en la educación.

Mientras que Maricarmen me daba el primer 10 por haber pintado “muy bien” mi mano en el folio (sin salirme de la línea), Don Ramón ayudó a que mi trauma con las matemáticas fuera más allá del universo existente, el infinito : porque yo siempre pensaba en objetos y no en números....porque yo sólo escribía resultados, para muchos copiaba...no tenía sentido alguno y mis ganas por entender la gran abstracción del número mermó y mermó.....

También estaba otro profe Ramón (sin el Don)....el profe “cool” de sociales, el profe de los juegos televisivos...¿Cómo aprenderse bien los ríos, los países, continentes, capitales, las estrellas...? Amigos y amigas ...aquella época era el colofón de concursos televisivos para niños y niñas, de programas que nos llevaban a construir hasta gorros que ni Jean Paul Gaultier se atrevería a hacer con tal de salir en el programa y concursar. Pues Ramón lo clavó: cuando no había un concurso de efectos especiales con volcanes, mesetas y montañas , había uno de bizcochos para explicar las capas de la tierra, o un improvisado parte meteorológico de lo que pasaría en una semana... Me aprendí los afluentes en una tarde, no lo olvidaré jamás. Éramos un equipo y os aseguro que nadie fallaba, no eran errores, sólo aprendizaje.


Conforme la infancia se torturaba con fichas horribles dibujando y copiando, yo seguía en mi mundo (no dejé mi pequeño secreto ) llegaban cambios y como no,son las leyes educativas. De 7º de EGB a 2º de la ESO y seguía con las mismas fichas en Secundaria, yo no entendía. Algunas profesoras me ayudaban más a seguir creando , presentándome a concursos de arte e ilustración o aprendiendo nuevos idiomas como el francés. Seguía con las mates, pero igual no, peor... sacar ceros no era delito y así seguí hasta salir con 16 añitos. Sí que me gustó hacer teatro, fotografía, las pellas incluso, pero las mías eran sin salir del “insti”...sí, ¿qué sentido tiene , verdad? Si no vas a clase al menos vete del “insti”... pero oye, que me gustaba escaparme a por una palmera de chocolate y comer mientras escuchaba la clase desde fuera o retirarme al laboratorio de fotografía si veía que había riesgo de ir a la biblioteca y que me pillaran... Por supuesto que la cháchara adolescente en el baño con el grupo de compañeras tampoco faltaba.

El horror llegó con el test magnífico que nos hicieron en 4º de la ESO para ver un poco con el equipo de orientación qué caminos podría seguir tomando a partir de esta etapa adolescente. Nada, que yo con mis notas, mates nulas y resultado del test...tengo talentos muy desarrollados pero no para estudiar... (aún me pregunto de dónde sacaron esa conclusión) “Un ciclo formativo algo fácil ,porque en cuanto te llega demasiada información te aturullas”. Grabado en mi memoria están aquellas palabras.

Después de tantear la fotografía en la adolescencia y no hacer caso a números, test y papeles, decidí volcarme en el desarrollo artístico con el bachillerato y esa selectividad (que me diréis que no, pero si hibernar para un oso es cuestión de vida o muerte, para un estudiante la selectividad es igual : apruebas o mueres, o sacas la nota o fallas a todos, al mundo, a ti). Muy bien pues hecho. Ya si te quedan fuerzas y sobretodo estómago prepara tu examen de acceso a la Facultad de Bellas Artes de Madrid. Me atoré unas cuantas veces durante el camino, sí, pero le di solución al problema poniendo sentido común: sigue a tu propio ritmo. Y así entré a lo que llamaban el arco iris del ser creativo con 20 años: ¡Ja!


La autonomía se desarrolló en muchas noches de insomnio, defender lo que creo o pienso, poder ser reflexiva y crítica, disfrutar de los procesos...aunque algunos eran más imposiciones que verdaderas experiencias de desarrollo creativo (Sí, tengo mis reticencias también sobre la educación universitaria porque cuando uno acaba se tira directo al vacío de la cruda realidad social...no encajas en ningún lado y si hay huecos, son precarios (pero los disfrutas), mal valorados (pero los disfrutas, aún sabiendo que arrastras la etiqueta, “si eso lo haces en 5 minutos, es innato”), vamos que la estabilidad laboral no me quita el sueño pero tampoco lo produce). Y no sé cómo pero llegué a 4º de carrera pudiendo elegir la palabra que más me gustara como acompañante de “Licenciada en Bellas Artes”: especialidad o genérica (picar de todo un poco, lo llamo yo). Todo esto con otro cambio de ley... el Plan Bolonia acechaba, tenía que decidir y encontrar significados:

En mi mundo creativo , la experiencia, la motivación y la creación han sido mi escenario y el gran objetivo siempre ha sido entender qué nos mueve a hacer, a crear, a transformar o a compartir cada una de las ideas y conocer los procesos como sucesos atemporales de aprendizaje significativo. Por ello decidí vincular mi experiencia en dibujo, escultura y escenografía con la educación y que el apellido con el título dichoso fuera: genérico (no hay especialidad en educación artística claro).

La experiencia llegó con la inclusión educativa: altas capacidades intelectuales y educación desarrollado en el Programa de Enriquecimiento Educativo para Alumnos y Alumnas con Altas Capacidades de la Comunidad de Madrid (PEAC); en proyectos artísticos en hospitales y colegios gracias al MUPAI (Museo Pedagógico de Arte Infantil) y mientras, terminaba la carrera y la beca de colaboración en el departamento de Didáctica . Me encantaba la sensación de fusionar la escucha , el diálogo, conocimiento recíproco de niños y niñas , el dibujo, la escultura, la naturaleza, el arte contemporáneo, los diferentes contextos en la educación, en fin...cuando una está desarrollando procesos creativos es tan gratificante que deseas parar el tiempo y que nunca acabe.


Decidí seguir en el campo de la educación estudiando el Máster de Formación al profesorado en Artes Plásticas , conocer los institutos y la etapa de la E.S.O., indagar en la diversificación curricular del aula (¿por qué no escuchar a los que no van tan bien en el aula?) y sin dejar de lado al enriquecimiento educativo con altas capacidades y talentos (esta vez no sólo con el PEAC, también con Arca Altas Capacidades), decidí abrir la experiencia en otras etapas: la de nuestros mayores del Distrito Centro de Madrid con proyectos artísticos intergeneracionales y actividades de creatividad con el objetivo de desmontar mitos y acercar más la realidad del arte contemporáneo y los procesos creativos en jóvenes y adultos.

El campo de la educación y más específicamente el de la educación inclusiva ha venido conmigo sin saberlo, sin ser consciente en muchas etapas de mi vida (porque aunque se dé por hecho que la educación ha de ser inclusiva, una cosa es la palabra y otra muy distinta el hecho). Quizá por ello, mi mochila de curiosidad incesante por seguir aprendiendo de las experiencias educativas que tantas personas van llenando: padres y madres, alumnos/as , compañeros/as de la enseñanza y de vida, los familiares y nuestros mayores.


Por si el aula se quedaba “chica” y veía que un campamento, un museo, o el simple parque de enfrente no eran suficientes, quise saltar el puente. Sin dejar de estudiar, (esta vez toca el curso experta en desarrollo de la Inteligencia, Capacidad Superior, y Neuropsicología en la Universidad Camilo Jose Cela de Madrid) , llega a mis oídos la tendencia del Homeschooling (o la educación en casa) y como persona curiosa ,quería explorar pero sólo con una condición: cómo era aquello pero dejando los padres la confianza en mí de ser "la profe" (la palabra institutriz y la imagen de la señorita Rottenmeier viene a la cabeza seguro) y ¡voilá!... la experiencia vino con alumnos de Primaria con altas capacidades. Sin entrar en lo que debe o no debe ser por ley, mi objetivo seguían siendo los procesos. Y durante este último año así ha sido: romper la barrera de cooperación y colaboración única y exclusiva del docente, el diálogo y el consenso con la familia, mejorar los procesos cotidianos del día a día y sin un espacio impuesto, ya que para el aprendizaje todos son válidos. También tengo mis reticencias después de un año de experiencia y adaptación al nuevo medio, pero el objetivo principal de la familias para que sus hijos se motivaran y se implicaran en pequeños retos construyendo el camino de transición a un nuevo cole sin traumas e implicados se consiguió.

Habiendo explorado caminos de formación interna en empresas para la motivación del empleado, mejorar sus habilidades, sus intereses y explorado a la par el Homeschooling de primera mano, he decidido volver mi camino entre arte y educación: con más ideas, más experiencias y sobretodo con un espejo que refleja la cruda realidad de lo que sucede si no somos capaces de poner tiempo, dedicación y sobretodo motivación en lo que hacemos, reflexionando y poniendo en valor todo aquello que nuestro cerebro y emociones dicen y/o hacen y para los cuales apenas ponemos pausa .

Este primer post de BetaMind no es una crítica hacia los profesionales de la educación, y mucho menos rencor del pasado, todo lo contrario. Digamos que es mi carta abierta de motivación e inspiración: un pequeño tentempié para conocer un poco a esa niña de la foto (que nunca dejó de serlo) y que lleva consigo su pequeño secreto, sólo que esta vez, vaya donde vaya lo lleva con un único objetivo: compartirlo.

#Educación #biografía #arte #compartir

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