MONÓLOGO "ARENA"

La genialidad nace a veces de la improvisación, lo inesperado, del amor y dedicación en aquello que hacemos. Desde mayo preparamos los "talleres de Vida o Vuerte " una pequeña adaptación del " Laboratorio de Pensamiento Divergente" #Mentorías, y en esta ocasión os queremos deleitar con algunas de las propuestas que realizaron los #betatesters entorno al concepto Monólogos.


Rober ,Irene y Yaiza fueron guías para conocer este tipo de intervención en diferentes culturas...y fue uno de esos talleres donde saltan las lágrimas de la emoción. Provocar el asombro y obras maestras en cada participante, respetar sus ritmos, pensamientos y formas de interpretar parece una tarea fácil pero no lo es. A continuación os dejamos la obra de Soleá , que con 12 años , emocionó sin duda a todos los que asistieron al programa:



Arena

Por Soleá López-Jamar


No me gusta jugar con la arena. Nunca me ha gustado. Coges un puñado de arena y se te va escurriendo por todas partes, hasta acabar vacío. Cuando tienes la mano mojada es diferente. Coges la arena y se te queda un trozo compacto, que se queda pegado a ti hasta la muerte. Las personas son así. Los coges y se van, o los coges y se quedan.

Lo que pasa es que, cuando la arena está seca, va saliendo por pequeñas grietas que nadie sabía que existían. Hasta que la arena sale por ahí. Lo peor es no darse cuenta. Solo darse cuenta de estar vacío cuando no hay nada. Ni un poquito. Ni un granito de arena en las uñas.


Pero cuando tu trozo es muy compacto, que no sale ningún granito, puede salir a la luz la peor cosa de la arena. Que sea un trozo tan compacto que no haya hueco para más. Que cuando quieras meter arena por la derecha tu trozo de arena se mueva hacia la derecha y lo impida. Y cuando es por la izquierda también. Y la arena se tambalea como un barco hundiéndose.


Las personas tienen miedo de la arena. Sobre todo a los relojes de arena. Les recuerda que el tiempo pasa. Que tarde o temprano las cosas cambian. Primero esa persona que tan bien conocías. Después tu vecino de enfrente al que solo le ves una vez al año. Y después todo. Los muebles de la tía de la amiga de la hija. El horario de tu prima para dormir. Y eso se ve claro en los relojes de arena. Se ve como el tiempo pasa, como las cosas cambian, y como, de la nada, no te conoces ni a ti mismo.


¿Qué hay peor que la arena? Esa que se te mete por todas partes, y ni sacudiéndose, ni lavándose, se va esa marca. La marca de que nunca te quitaras esa sensación de tener arena en la ropa. Esa sensación que hace rascarte. Esa sensación que te hace pensar que tus mayores miedos nunca se fueron. Que sigues pensando en el monstruo debajo de tu cama, solo que ese monstruo ha crecido. Igual que tú. Se ha convertido en otra cosa. Es el miedo. Solo que lo ves con otra forma. En vez de tener miedo a los payasos tienes miedo a ser un payaso. Pero ese miedo también crecerá y tendrás miedo de que los demás sean payasos. Que un día, ese algodón de azúcar tenga una nariz roja, redonda y de plástico.


¿Cuáles son tus miedos? ¿Los que todo el mundo dicen que dicen pero nunca dicen la verdad? ¿Los que tú dices que dices y en el fondo nadie se cree esa “verdad”? ¿Esos miedos tan comunes que ni siquiera tenéis eso en común? ¿Tu miedo a las arañas, a suspender y a que tus padres se divorcien? No sabes a qué tienes miedo. No tienes ni idea de lo que es sentir miedo. Hasta que lo sientes. Hasta que sientes esa necesidad de dar media vuelta y volver por dónde has venido. Al camino seguro. Pero, si nunca has cambiado de camino, ¿sigues en el camino seguro? Los caminos se distorsionan, lo bueno se hace malo y lo malo bueno. El camino seguro ha cambiado. Ahora tienes que salir de ese laberinto y encontrar un valle seguro donde descansar, para retomar fuerzas y buscar un camino seguro. Hasta que ese camino ya no es seguro y tienes que repetir el proceso.




Reafirmo mi pensamiento tras leer de la obra maestra de Soleá que, cuando quieres abandonas una parte de ti que quieres que brille en el otro, y en esta ocasión puedo decir que lo he podido apreciar en el antes , durante y después del taller, en mis compañer@s y en lxs participantes siendo, la más extraordinaria sensación y emoción que puedo vivir como educadora, docente y creadora que soy.


Gracias a todos los que hacéis posible que #Betamind sea un pequeño gran sueño hecho realidad .


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